No siempre me sentí cómoda ejerciendo como nutrióloga. Durante años no me hizo sentido generar culpa, vergüenza o ver la comida como premio o castigo — así que me alejé de las consultas. Hasta que entendí que sí quería regresar, pero desde un lugar que se sintiera verdadero: mirando de verdad a la persona frente a mí, escuchando su historia y ayudándola a conocer su cuerpo, sin dietas genéricas ni restrictivas.
Como mujer, te enseñan a nunca estar conforme con tu cuerpo, a sentir culpa cada vez que comes y a tenerle miedo a los alimentos. Lo que aprendí fue a mirar mi cuerpo —y el de los demás— desde la compasión y no desde el juicio.
Por eso, cuando llegas conmigo, no te voy a tratar como un problema que arreglar. Voy a ver tu historia, lo que cargas, y voy a acompañarte sin culpa y sin juicio, para que puedas generar el cambio con tu alimentación desde un lugar amable.
Mi método une dos cosas que casi nunca nos enseñan juntas: la ciencia de la nutrición y tu sistema nervioso. Porque tu relación con la comida no se resuelve con fuerza de voluntad — tiene que ver con tu historia, tus emociones y la forma en que tu cuerpo aprendió a protegerte.
Trabajo desde entender qué está pasando, no desde darte un menú que seguir como biblia y que sientas que pecaste cada vez que te sales. Y mi objetivo no es retenerte como paciente para siempre: es enseñarte para que, con el tiempo, te conviertas en tu propia nutrióloga.
Lo que hago parece nutrición. Lo que se siente es convertirte en tu propia nutrióloga.
Personalizado, online o presencial en CDMX.
Para corredores comprometidos que buscan bajar sus tiempos en competencia.
No importa por cuál llegues: el trabajo de fondo es el mismo — aprender a escuchar a tu cuerpo y confiar en él.